APRENDER A PERDER
A nadie le gusta perder, eso está
claro. Frente a una derrota muchos nos enojamos con nosotros mismos,
pensamos en qué nos equivocamos. Los más descontrolados llegan a tirar las
piezas o molestarse incluso con el público que se encuentre presenciando
la partida.
La mayoría de los profesores o
técnicos de ajedrez enseñan a ganar o conseguir resultados, pero cuando
algunos hablan de que se debe "enseñar a
perder" muchos se encogen de hombros o piensan
simplemente que se trata de una actitud mediocre. Lo que está claro, es que
cuando se trabaja con niños o jóvenes, más que crear campeones se está
formando mejores personas, aunque parezca de cliché la frase.
Existen varias anécdotas famosas en
relación a malos perdedores, pero quizás una de las más conocidas es aquella
que se cuenta de una partida jugada en Hasting en 1895 entre Steinitz y
Bardeleben, donde el segundo jugador al ver que estaba en una posición de mate
forzado se paró y salió de la sala de torneo sin decir una palabra. Poca
caballerosa actitud, pero por suerte y deleite de los aficionados presentes el
primer campeón mundial oficial demostró como hubiese terminado el juego.
En mi experiencia personal me sucedió
una anécdota similar a la anterior. A la edad de 17 años derroté en partida de
torneo a un fuerte Maestro Internacional, quien actualmente ostenta el título
de Gran Maestro. La reacción de éste al verse acorralado fue salir del salón
de juego al más puro estilo Bardeleben sin darme la mano ni firmar la planilla
de anotación de jugadas. Esto demuestra que la deportividad o el llamado
fair play no se encuentra en directa relación con el nivel de juego de
las personas.
Hay otro tipo de jugadores que siempre
tiene alguna excusa al momento de perder una partida:
"Que me dolía la cabeza", "que el sol me daba en la
cara", "que iba a tomar otra pieza, pero agarré otra"
son algunas de las excusas más frecuentes y no reconocen nunca que
simplemente su rival jugó mejor. Este tipo de personas debería practicar
ajedrez cuando no tengan ningún tipo de problema que les permita jugar mejor,
o sea, nunca.
En relación a lo anterior, una
historia que siempre recuerdo y me saca una sonrisa fue cuando después de
haber finalizado una partida y derrotar a mi rival de turno en un campeonato
éste me mira seriamente y me reclama indignado diciendo
"¡me ganaste porque me equivoqué!" a lo que
le respondo que claro, que de eso se trata el juego, que quien se equivoca
usualmente suele perder.
Al escribir el presente artículo quise
volver a revisar un viejo pero querido libro llamado
"Conocimientos Básicos de Ajedrez" escrito por
Julio Ganzo. Leí este texto como a la edad de 15 años y me ayudó
mucho, quizás no tanto en la parte técnica, pero me impactó bastante uno de
los capítulos finales que el autor tituló como
"Deontología ajedrecística" donde habla del tema de aprender a
perder. En ese entonces, yo me ponía bastante mal frente a las derrotas y no
aceptaba muy bien el hecho de perder una partida, pero aquel capítulo del
libro de Ganzo me hizo meditar mucho al respecto. Para que quede más claro los
dejaré con las propias palabras del autor: "Por
eso el primer deber de todo buen aficionado es aprender a perder. Y solamente
cuando esta lección esté bien sabida, sólo entonces, puede comenzarse el
aprendizaje para ganar. Un juego de la categoría del ajedrez requiere cortesía
en todo momento, extremándola cuando hay que reconocer los hechos adversos.
Hay que saber perder con la sonrisa en los labios, reconociendo que en esta
ocasión ha sido superado por su rival y felicitando al adversario deportiva y
caballerosamente por su victoria."
Desde entonces comprendí que malas
actitudes no ayudaban mucho a superarse como jugador y decidí cambiar. Hay que
asimilar que por muy buen nivel que se tenga, siempre puedes ser superado por
alguien y cuando sucede eso hay que aceptar la derrota con humildad y
caballerosidad, sólo así se puede llegar a disfrutar completamente de este
noble juego que es el ajedrez.
